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| Sergio Ramos y Kalinski disputan el balón. El del Real fue decisivo. |
Vaya que fue un campeón digno de la realeza que cobijó en Marruecos este reducido certamen entre los mejores equipos de cada continente del globo terráqueo. Un príncipe que engalanó la ceremonia de clausura en la entrega de premios, alguna que otra lágrima del glorioso San Lorenzo luego de una final que no dejó mucha tela para el análisis. El festejo medido, equidistante de los jugadores merengues que veían la copa como una celebración más, lo que para nosotros sería un torneo de verano en el cual el compromiso publicitario es lo primordial.
El primer encuentro de esta Copa frente al Auckland City jugado el miércoles mostró al equipo dirigido por Edgardo Bauza limitado y sin variantes ofensivas que lo hizo deambular 120 minutos que tranquilamente podrían haberse definido en un tiempo de 45. Los goles del Pitu Barrientos y de Mauro Matos definieron 2 a 1 el pleito que había igualado Angel Berlanga para los de Nueva Zelanda.
Para el sábado la expectativa fue diferente, la esperanzas también. La gente que acompañó al Ciclón, alrededor de 15 mil hinchas viajaron a Marruecos, no quería despertar del sueño, de esa ilusión de estar tan cerca de la gloria que lo cororana Campeón Mundial. Pero la realidad pudo más, volvieron los fantasmas del primer encuentro. El cerrojo planteado por el Patón Bauza incomodó al Real solamente 30 minutos. Hasta que un error de la propia defensa azulgrana posibilitó el primer gol anotado de cabeza por Sergio Ramos luego de un centro milimétrico de la figura del partido, el alemán Toni Kroos. Allí comenzaron a abrirse los huecos que son propicios para Gareth Bale, Cristiano Ronaldo y compañía. La rapidez de los europeos era lo opuesto a la lentitud de cada avance comandado por Ortigoza.
El segundo tiempo apretó un poquito más con el ingreso -¿tardío?- del Pipi Romagnoli que generó un poco más de peligro en el arco defendido por Casillas. Lo mató el gol tempranero a los cinco minutos luego de otro error de la defensa que capitalizó Bale con otro cabezazo. 2 a 0 y asunto liquidado.
Queda el análisis de lo que hizo mal y bien el equipo azulgrana, pero lo que no se le puede machacar es la entrega hasta el último minuto de la final. Tal vez lo reprochable partiendo desde la autocrítica fue la falta de audacia, de faltarle un poco más el respeto al equipo dirigido por Ancelotti, digno de una historia carasucia.
Campeón Real, lo esperado, pero Boedo igual salió a la calle a festejar lo lejos que llegaron los colores que un día surgieron en la esquina de México y Treinta y Tres Orientales hace 107 años.
M.P.
Foto: Diario Olé.

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