UNA VIDA DEDICADA AL CICLISMO
Tarde
apacible en las calles de Villa Lugano en donde parece todavía mantener intacta
la vieja costumbre de la siesta. La tranquilidad del barrio me da esa imagen. Un
sol abraza cálidamente las veredas frías, síntoma de un invierno despedido hace
poquitos días. Muy poca gente camina mientras hago seis cuadras desde Dellepiane
por Larrazábal. Llego hasta Crisóstomo Álvarez en donde está la bicicletería
“El Oriental”. Había hecho mi primera visita a principios de año con el
objetivo de comprar un repuesto para mi bici y su dueño Gualberto Aguiar me
había seducido con una charla apasionada de ciclismo… Recordaba esto y no tuve
la mejor idea de volver allí para entrevistarlo.
Llego y lo
veo a Gualberto en la vereda atendiendo a un cliente, cambiando una cámara con
un gran sentido del humor los dos. Sin querer interrumpir me presento cuando
termina de atenderlo. Adentro del local estaba Edgardo, su hijo y compañero en
esta vocación por los pedales que comparten desde siempre.
Me saluda
cordialmente mientras Gualberto me hace pasar a su casa. Luego de atravesar un
galponcito en donde guardaba trofeos y recortes de carreras en las cuales había
salido triunfante subimos al comedor. Allí su esposa Rosa me da la bienvenida
mientras que su perrita blanca no alejaba ni un instante sus pisadas de las mías.
En ese
comedor había trofeos, fotos, camisetas por doquier, digno de una exposición de
ciclismo. Maravilloso. Quedé fascinado. Me resultó increíble que una sola
persona tuviera tantos galardones. Entrar allí fue como entrar en la historia
del ciclismo. Los recuerdos y las anécdotas iban brotando uno tras otro en Gualberto en cada foto, en cada medalla, en cada trofeo que me iba mostrando.
- ¿En que
categorías corrió Gualberto?
- Corrí en todas las categorías desde la primera
vez que vine a correr a la Argentina por la selección uruguaya y me quedé acá.
Vine con René Cejas un gran ciclista que ganó la Vuelta de Colombia, en la Vuelta
de México entró segundo y en un campeonato del Mundo en Italia, noveno.
Vamos
repasando sus trofeos, me muestra las Copas de Interlagos y Porto Alegre, los
recortes de las hazañas. Sus tres medallas de Plata en los Panamericanos y las
fotos con los grandes ciclistas como Haedo, el colombiano Zerpa, Quintana,
Contador y Níbali. Milton Wina corría con
la camiseta de nuestro equipo. Ahí en la foto está en el podio en Sudáfrica por
el campeonato del Mundo donde luego se peleó con la Federación Uruguaya de
Ciclismo por subir con la camiseta con mi nombre. ¡Un grande!
- Arranquemos
por sus comienzos…
- Nací en el ‘42 en Cardona, el pueblo de Víctor Hugo Morales.
Mis hermanos fueron a la escuela con Víctor Hugo. Vivíamos a cinco cuadras de
la casa de él, su familia era muy amiga de la mía. De ahí nos mudamos a Jackson,
luego que vendieran el campo que arrendaba mi familia al club Nacional de
Cardona. Después todos no desparramamos. Yo trabajé siempre afuera, sin
estudios ni nada. Yo iba a levantar quiniela por las estancias y con eso
sobrevivía. Con eso solventaba mis gastos de la bicicleta. Yo empecé a correr a
los 13 años en el ‘55 allá en Ismael Cortina un pueblito de Uruguay. La primera
carrera la corrí en Jackson. Me llevó mi patrón.
En esa época escuchaba las carreras de ciclismo
por la radio y anotaba todo en cuanto al entrenamiento, el cuidado del
ciclista. Fui a la escuela sólo dos años hasta los 8 porque éramos 13 hermanos.
Y empecé a ganar carreras en la categoría Novicio llegando a ser campeón del
Sur. Colonia, San José, Florida y Flores todos departamentos (provincias) de
Florencio Sánchez, campeón del sur, fui escalonando ganando todos los
campeonatos de Cardona.
- Una
infancia muy dura… ¿no?
- Agarraba una libretita y levantaba quiniela
por las estancias y con la comisión sobrevivía con mi mamá que me daba de comer
y con eso me pagaba los gastos de la bicicleta y todo eso. Nos mudamos cuando
yo era chico la pueblito de Jackson y me crié ahí. Teníamos ganado. Mis
hermanos siguieron viviendo en Cardona. Iban a la escuela con Víctor Hugo. Vino
el Club Nacional de Cardona y compró el campo para hacer la cancha. Como
alquilábamos ahí nos tuvimos que ir, después nos desparramamos por los pueblos
y vineron tiempos muy duros.
Anécdotas
son lo que sobran en este hombre sencillo y bonachón de un andar minucioso.
Para el deleite de los amantes de este hermoso deporte…
- En Rodó para que te hagas una idea venía de
entrenar un día y corrí de improviso y no podía escaparme (intentar salir
primero), terminé ganando luego de haberme equivocado con una bandera que
marcaba que había que girar de vuelta y yo seguí de largo. Como iba primero me
di cuenta al rato que no veía a nadie atrás mío. Ahí me avisan que todos
volvían y yo había seguido de largo. Me recuperé y alcancé de nuevo al pelotón.
Logre escaparme nuevamente y gané la carrera. No podía decir nada y mi amigo
cobró los premios y nos fuimos rápidamente.
Más tarde con esa plata la invité a cenar a mi
mamá que sorprendida me preguntó de dónde había sacado el dinero y le conté lo
vivido. No lo podía creer y me decía: "...¡estás corriendo en primera!
¿Cómo vas a correr con los novicios?”
- Linda
época y el recuerdo de aquella gente con otros valores…y el reconocimiento.
- Nos íbamos a Ombú Lavalle y recuerdo a la
vuelta con un calor terrible pedaleando paramos al costado de la ruta, y nos
zambullimos en un arroyo del río San Ramón. En eso se hace un remolino y se
lleva a uno de mis compañeros para abajo. Hizo señas de que se ahogaba Lalo,
había correntada. Yo como conocía, me crié en esos arroyos, lo manoteé. En
eso, me agarra del cogote, le pegué una piña y lo pude sacar a flote. Lo pude
sacar del agua y salvar. Llegamos a la orilla y empezó a largar el agua que
había tragado. Ese pibe resultó ser con el tiempo un prestigioso bancario. Una
vez que fuimos en Rosario a cenar a un restaurante con Rosa y Edgardo nos
trajeron postre sin haber pedido nada. El mozo nos avisó que estaba pago y que
el hombre que estaba sentado en la otra mesa nos había invitado. En eso lo veo,
se acerca y me abraza gritando a todos: "...¡por él yo estoy vivo!".
Gente muy agradecida.
- Ese mismo
reconocimiento más de una vez lo hizo ‘zafar’ de pasar malos tragos…
- Sí sí, otra vuelta venía de pedalear por la
ruta y vi un viñedo y me metí a sacar unas uvas porque tenía mucha sed, me
había quedado sin nada para tomar luego de entrenar muy duro. En eso siento que
me apuntan desde atrás. Y con un susto bárbaro me doy vuelta y le digo al
hombre..."señor, disculpemé, vengo de entrenar desde Libertad..."
Entonces me mira y me pregunta: "¿Vos sos Aguiar?" Sí le contesté.
"Lleváte todo el viñedo, no te hagas problema... pero cuando pasés por acá
pedíme, pasá por mi rancho... Dáme un abrazo... ¡sos un ídolo para
nosotros!" Increíble como me reconocía la gente allá, era muy querido...
- Cuénteme Gualberto, ¿qué equipos integró en Uruguay?
- Corrí para los equipos de Club Ciclista Las
Rocas de Juan Lacalle, La Unión Ciclista Tararira, el Club Ciclista Florencio
Sánchez de Colonia un muy poderoso equipo. De categoría Novicio pasé a Tercera
corriendo para Florencio Sánchez y fui a correr a Tararira. Después pasé a
Segunda Categoría para el Club Wilde Baridon, cuando él falleció formamos ese
club en honor a él. Después corrí para la Federación de Colonia los Campeonatos
del Litoral y los Campeonatos Nacionales. Corrí dos veces la Vuelta del Uruguay de 12 días, durísima por cierto.
- ¿Cuándo
vino a la Argentina?
- Vine a correr a la Argentina en 1966 con 23
años. Y me quedé acá luego que falleciera un gran amigo mío Wilde Baridon que
fue campeón en Interlagos en el '62 y en los Juegos Panamericanos en San Pablo,
Brasil en el '63. Compite en los Juegos Olímpicos en Tokio '64. Me gana en
Carmelo una doble de 170
kilómetros . Me vine amargado a la Argentina luego que falleciera mi amigo. No pude
viajar a Tokio '64 por haberme caído en el Velódromo. Luego de la preselección Uruguaya y de ser la
revelación de las Mil Millas me viné para acá. Me invitaron a una prueba que
finalizaba en González Chávez. Recuerdo que en la largada en la Casa de
Gobierno estaba el Vice-presidente de Arturo Illia. Esa primera etapa se corrió
hasta Saladillo y fueron 230
kilómetros . Eran caminos de tierra y pasando Cañuelas
corté la cadena.
Recorríamos Tandil, Azul, Olavarría, Sierra de
la Ventana hasta González Chávez. De allí hasta Necochea y Tres Arroyos, etapas
de 200 kilómetros .
Recuerdo antes de llegar a González Chávez bajo una lluvia torrencial, perdí el
asiento y cuando estaba llegando a los últimos 100 metros , me alcanzan
6 ciclistas, pero estuve 8
kilómetros más o menos parado en los pedales.
Acá en Argentina corrí en numerosos equipos y
obtuve campeonatos Master.
- ¿Cómo ve
al ciclismo de hoy en día?
- El ciclismo de hoy no es como antes. Surgían
más valores, en cada pueblo habían 50, 60 ciclistas y ahora son apenas 3 o 4.
El dinero hizo que se vaya apagando eso. Cuando surgía un ciclista bueno en el
interior enseguida se lo llevaban a Montevideo. Le pagaban un sueldo y se iban.
Entonces el interior siempre estaba luchando con desventaja. Les era difícil retenerlos y eso fue matando
al ciclismo. En Montevideo se corrían las grandes pruebas mientras que en el
interior ni carreteras buenas había. Recién ahora Federico Moreira, presidente
de la Federación Uruguaya, que es del interior, volvió a desparramar un poco
más la atención a lugares como Tacuarembó, Paysandú, Salto en donde se hacen
competencias fuertes.
- …y en
Argentina no es distinto…
- Acá en Argentina no creció el ciclismo porque
hombres como José María Muñoz no quisieron. "El ciclismo acaba con el
fútbol" decían. Saben del poder de convocatoria que tiene este deporte.
Fijáte el circuito KDT abandonado, nos encerraron en Polideportivos como el de
Lomas de Zamora y Lanús. Con eso cortaron que llegara a los barrios. Antes yo
hacía carreras acá, en donde se juntaban 3 mil personas. Después me fueron
negando los permisos para organizarlas, por quejas de vecinos y otros
caprichos. Comenzaron a darle mayor importancia a otras cosas y no al deporte,
paralelamente creció la droga y la marginación...
No es la
causa seguramente pero una de ellas sin dudas lo es, los jóvenes sin
actividades en qué ocupar su tiempo libre, comienzan a pensar en cualquier
cosa...
Gualberto se
enfervoriza y comienza a hablar desde su visión de ciudadano y ver cómo sufría
la gente a sus alrededor... Más allá de la política, la vida social, volvemos
al mundo de los pedales, ese mundo propiamente suyo, que nos hace olvidar un
poquito de tanta desigualdad e injusticias padecidas en un pasado muy difícil
que vivió a la par del país y en una actualidad más estable...
- ¿Dicen que no hay plata? Yo veo día a día en
la bicicletería a la gente trayendo las cámaras nuevitas con una pinchadura
dejándolas tiradas y cambiándolas por otra. ¡Antes eso no existía! Cuántas
veces las emparchábamos, un parche arriba del otro, perdíamos la cuenta, je je.
El que no sufrió, el que no fue a la escuela
descalzo, el que no fue a comer a la escuela no sabe. No lo valora. Todo eso
fue lo que tuvo que padecer Adalberto en su niñez, lo que moldeó su carácter y
lo hizo un hombre muy agradecido a la vida. "Recuerdo cuando Evita mandó
ropa a las escuelas rurales allá en Uruguay también. Yo tenía los huesos
pelados del tobillo por usar unos suecos... a mí me daba vergüenza todo eso.
Por eso cuando me propusieron ir a trabajar de chico y dejar la escuela no lo
dudé".
"Siempre fui controvertido, me crié a los
palos, je" suelta
mientras narra una tras otra anécdotas de una infancia pobre, y una familia en
donde se recibían golpes a cambio de las travesuras de matar palomas. O el
barro curativo de la mamá tras jugar con un avispero. Otras crianzas, dura por
cierto las de antes, sin cuestionarla, sin quejarse, Gualberto cuenta con
orgullo ese pasado que lo marcó en su forma de ser.
Una tarde
envuelta en historias maravillosas, mates y la reflexión sobre el motivo por el
cual le sacaba ventaja al resto…
"Mucho corazón, el físico es el motor del
ciclismo. Yo siempre me preparaba, Entrenaba todos los días. Pasaba 6, 7 horas
arriba de la bicicleta. Me cuidaba en las comidas.Yo vivía para el ciclismo.
Dormía pensando en las carreras. Cómo ganarle a los rivales, analizaba todo.
Como él
mismo define su pasión, su vida cien por ciento entregada a este deporte único:
Soy un fanático del ciclismo, anormal diría.
El ciclismo
épico, pasional, reflejado en el sacrificio, el esfuerzo y el coraje que
mostraban esos gladiadores en las rutas sudamericanas. Muy lejos del vedettismo
o las luces fugaces que muestran la fama está Gualberto Aguiar que con más de
mil carreras ganadas en su dilatada trayectoria sigue entrenando día a día
junto a su hijo Edgardo y atendiendo su biclicletería con la misma humildad de
siempre, la de los grandes.
M.P. (entrevista y fotos)




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